

Linares del Arroyo se asentaba en los linderos de la provincia de Segovia con las de Burgos y Soria, y era el último pueblo segoviano antes de entrar en dichas provincias. En nuestra opinión, y debido a su enclave natural, hoy Linares sería un precioso poblado ubicado en la entrada al paraje tan precioso como desconocido de las "Hoces del Riaza" (un impresionante conjunto de barrancos y cañones excavados por el río Riaza), lo que le convertiría en una población privilegiada para el Turismo Rural.
El Espacio Natural Protegido de las Hoces del Riaza fue inaugurado en 1975 y tiene una superficie de 6.470 Has. Incluye los términos municipales de Maderuelo, Valdevacas de Montejo y Montejo de la Vega de la Serrezuela.
Labradas por el capricho lento del viento y el agua, estas gargantas y barrancos, estos cañones de vivos colores, conforman una riqueza paisajística de espectacular belleza. Pero a esa belleza se le unen otro sinfín de encantos que dotan a las Hoces del Río Riaza de un notable carácter de reserva de biodiversidad. Sus peculiares condiciones microclimáticas, su elevada humedad ambiental y la temperatura que aporta el río, además de la estructura de los cañones, hacen que en la zona se den importantes formas vegetales, caracterizándose por el dominio de la Sabina Albar, aunque presenta una gran riqueza vegetativa, con diferentes comunidades de plantas rupícolas y retazos de bosque de ribera.
Aunque, si bien esta riqueza de la flora es importante, este espacio no sería lo mismo sin la importante fauna que lo ha elegido como su hábitat. Estas Hoces destacan por albergar una de las colonias de buitre leonado más importantes de la Península Ibérica, con más de 800 ejemplares, y constituyen un lugar excepcional para la observación de aves rapaces. Además de los buitres, aquí crían especies como el alimoche, el halcón peregrino, el búho real, el cernícalo vulgar o las águilas calzada y culebrera, así como un largo listado de vertebrados que superan las 300 especies, entre las que destacan algunas como la alondra de Dupont, el desmán del Pirineo o la nutria.
Todo esto ha valido para que esta zona sea merecedora de diferentes figuras de
protección como la de ZEPA, y que haya sido incluida en el Plan de Espacios Naturales Protegidos de
la Junta de Castilla y León. Actualmente, está ultimándose la declaración que protegerá
las riquezas de este espacio segoviano como Parque Natural, y muy pronto se sumará a los 14 ya declarados como Parques
Naturales de Castilla y León.


Recorrer estas hoces es entrar en un remanso de paz y naturaleza que quizá no pueda intuirse desde la planicie de la meseta castellana. Pero a un paso, al nordeste de la provincia de Segovia y en los municipios segovianos de Montejo de la Vega de la Serrezuela, Valdevacas de Montejo y Maderuelo (antiguamente de Linares del Arroyo), se despliega un espacio en el que a escasos metros, un visitante puede contemplar, por ejemplo, la mayor colonia de buitres leonados de Europa. El recorrido no es fácil, por lo agreste del terreno, pero en seguida sale al paso del caminante un paisaje de elevados cañones, de más de 150 metros de altura y entre 200 y 300 metros de anchura.

La ruta puede comenzarse perfectamente en Maderuelo, atravesando el puente que cruza sobre el pantano y luego girando a la izquierda, dejando el pantano a nuestra izquierda por una carretera muy bien asfaltada que lo rodea (puedes permitirte el lujo de darte un pequeño baño en la playita que hay y que te brinda una bonita vista de Maderuelo), y seguir hasta que unos kilómetros más allá aparece un cartel que indica "Pie de presa" (indicación que seguimos abandonando la carretera por la que hemos venido y que se interna un poco más adelante en la provincia de Burgos), llegando en pocos metros más hasta una baliza que nos cierra el paso y en donde figura un cartel que indica "Refugio de aves del pantano de Linares del Arroyo", aunque lo más cómodo es acercarse en coche hasta ahí mismo.
Desde dicha baliza comienza una cuesta abajo que en apenas dos kilómetros nos deja al mismo pie de la presa del pantano. Justo desde allí arranca el antiguo camino que unía el tristemente desaparecido pueblo de Linares del Arroyo con otros pueblos como Valdevacas y Montejo. Esa ruta es la que se interna en las Hoces e indica el comienzo de uno de los parajes más hermosos que la naturaleza regala a nuestros sentidos.

El camino es difícil, ya que lleva abandonado muchos años y en algunas épocas del año debe ser complicado, pero es el idóneo para ir en bicicleta de montaña. De todos modos, lo ideal no es ir en plan competición sino empapándose de esa gran cantidad de naturaleza virgen que se despliega a nuestro alrededor.
Nada más comenzar el recorrido, los sonidos que nos envuelven nos llaman la atención. Todo está en calma, pero el piar de varias clases de aves a nosotros desconocidas nos hace entender que este entorno es peculiar y muy distinto a varios de los que ya hemos visitado con anterioridad.

Acompañanado a esta atmósfera de diversos piares, sobre nosotros planean a considerable altura varios buitres, estandartes de este entorno. Todo lo que nos rodea es mágico: un entorno desconocido de naturaleza por descubrir, un camino abandonado que antes fue transitado y que hoy es la única vía que recorre el desfiladero de las Hoces, el contínuo piar de aves y otros sonidos que se escuchan en derredor, y el planeo contínuo de varios buitres. El río Riaza es caudaloso y se desliza a nuestra derecha sonoramente...
Por un momento pensamos que el tiempo se ha detenido en este paraje hace ya muchos años, ya que apenas hay rastro de vida humana,
y mientras admiramos absortos la impresionate altura de estas paredes sólo la aparición del viaducto del tren Madrid-Burgos nos devuelve a tiempos contemporaneos.
Algún árbol caido sobre el camino constituye el mayor de los obstáculos que nos encontramos, aunque el ramaje llega a ser tan espeso en algunas ocasiones
que hemos de esconder la cabeza casi en el manillar de la bici para no herirnos, y aunque el paseo en bici es sinónimo de velocidad, no viene mal pararse de vez en cuando
en algún rincón para admirar lo que se alza a nuestro alrededor.

La ruta que seguimos no tiene pérdida. Transcurre siempre dejando el transcurso del Riaza y las paredes más altas de las Hoces a nuestra derecha, y a medida que avanzamos vamos comprobando que el desfiladero se va ensanchando poco a poco cada vez más. El camino es llano y no presenta cuestas complicadas ni desniveles fuertes.
En nuestra mente imaginamos cómo sería este lugar hace varios años, cuando las gentes de pueblos como Valdevacas, Montejo, Linares o Maderuelo se desplazaban por aquí, ya que tanta tranquilidad acompañada de esta visión resulta a veces temerosa.

Así, poco a poco, llegamos a un lugar en el que vemos que el desfiladero se ensancha y la pared derecha de las Hoces y el río se desvían precisamente hacia la derecha, pero entre la vegetación distinguimos que aparece el campanario de una pequeña ermita románica: la Ermita del Casuar.
Esta ermita es un sencillo monumento que requiere de una urgentísima recuperación, ya que su avanzado estado de abandono es alarmante y es una pena verla así. Esperamos que dicha recuperación sea pronto una bonita realidad.

Llegados a este punto, es el momento ideal para parar un poco y relajarse. No es una ruta dura si estás acostumbrado al pedaleo, pero si buscabas un remanso de paz y tranquilidad, este es el lugar ideal. Más tarde podremos ir hacia la izquierda, siguiendo el camino por el que hemos venido, y en unos pocos kilómetros un tanto pesados (el camino pica hacia arriba y se hace duro por las piedras y la tierra) llegamos a Valdevacas de Montejo, o bien puedes seguir el curso del Riaza y aparecer también al cabo de un rato en Montejo de la Vega. Sea cual sea tu opción, deberás regresar otra vez por el camino de las Hoces y volver a disfrutarlas.
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