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Primer Almirante de los Estados Unidos hijo del menorquín George Ferragut Mesquida
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:: JORGE FERRAGUT Y DAVID FARRAGUT ::
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EN EL PUERTO DE MAHÓN El día 3 de Enero, viernes, se
celebró la recepción con que obsequió a la buena sociedad menorquina, a
bordo de la fragata "Franklin", el almirante Farragut. Fue un
notable acontecimiento, pues hacía muchos años que no se veía en el puerto
de Mahón una fiesta semejante. Además fue un motivo de honra para
los menorquines que el insigne almirante de los EE.UU. tuviese la galantería
y se dignase invitar para tal reunión a todas las autoridades sin excepción,
a los socios del Casino Mahonés con sus señoras y personas allegadas, y a
cuantas distinguidas familias se contaban
así en
Mahón como en Ciudadela. El vencedor de Nueva Orleans y de
Mobile, después de recorrer las principales ciudades y Cortes de Europa, y
haber en todas ellas sido colmado de honrosas distinciones de aprecio y admiración,
quiso dar un testimonio de las simpatías que sin duda le inspiraba el país
donde naciera su padre, y todos los menorquines le estuvieron por ello altamente
agradecidos. Tantos eran en general los deseos de participar de esta tertulia marítima diurna, o baile a la luz natural dentro de un buque, que el tiempo hasaz desapacible por su baja temperatura y amenazadoras nubes no fue un obstáculo para retraerse los convidados de asistir a ella. Desde la una, hora anunciada para ir a bordo, se empezó a notar el gran número de embarcaciones -pues no tan solo había las de los buques de guerra, sino que también hubo varias de las que poseían los diferentes Cuerpos de la guarnición de la Plaza- conduciendo, unas y otras, cuantas señoras y caballeros encerraba el extenso programa de invitación."Solo por causas muy poderosas dejarían de concurrir las contadas señoritas que echamos de menos entre las muchas que formaban el encanto juvenil de aquella reunión. No haremos distinción entre el bello sexo que estuvo presente; señoras y señoritas todas iban ataviadas con elegancia y riqueza." -escribió nuestro cronista.
El Almirante y su Señora, la cual vestía también un lujoso traje, recibieron a todo el mundo con la sonrisa en los labios, demostrando suma alegría, y haciendo que pronto se desterrara la ceremoniosa etiqueta por entrar de lleno en una franca expansión, dando principio a los rigodones y valses, polkas y lanceros al compás de la buena música de la dotación del buque. Ambos cónyuges se presentaron con
ligereza, a pesar de su edad, a bailar varias veces con distintas parejas, mostrándose
siempre afables y complacientes. El baile se dio sobre cubierta,
habiéndose arreglado al efecto un entelado cubierto con banderas desde el palo
mayor hasta popa. A las tres y media, al son de la
marcha nacional americana, se bajó al primer puente, donde estaba dispuesto un
ambigú tan abundante en las delicadezas del paladar que era para dejar
satisfecho al más exigente gastrónomo. Los oficiales del buque, desde el mismo Comandante hasta el último guardiamarina, se ofrecieron a servir y atender a todos, especialmente y como es natural, a la sección femenina con la mayor voluntad, cortesía y llaneza. Siguió todavía después el baile
y a las cinco por fin tocó a su término señalado, y fueron los alegres
convidados despidiéndose del Almirante y Señora con demostraciones de contento
y gratitud, a cuyas atenciones correspondían ellos con las más afectuosas
maneras. Oscurecía ya enteramente cuando regresaron a tierra los últimos botes que conducían los concurrentes.
Concluye el artículo del "Menorquín": "Podemos confiadamente consignar que la grata impresión que dejará a todos los corazones que disfrutaron del deleite de esta función, hace desear muchos años de felicidad al célebre almirante, quien vivirá por mucho tiempo en el recuerdo de estos semi-paisanos, entre los cuales tiene a orgullo pertenecer el que estos renglones acaba de borronear."
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