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Primer Almirante de los Estados Unidos hijo del menorquín George Ferragut Mesquida
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:: JORGE FERRAGUT Y DAVID FARRAGUT ::
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LLEGAN A MENORCA Con la mañana del 19 de diciembre
entró el vapor "Frolik" en el puerto de Mahón, a las dos de la
tarde fondeó en él la fragata "Franklin", en la que ondeaba la
insignia del Almirante Farragut. La isla de Menorca, etapa en este crucero,
además constituía un anhelo sentimental para David. Los navíos fueron admitidos a
libre plática y seguidamente la fragata saludó a la Plaza, siendo contestada
al poco rato por la Fortaleza de Isabel II
Al saltar a tierra, Farragut fue
recibido por el General Gobernador
en cuyo Palacio se le tributaron los
honores correspondientes a Capitán General: un piquete de artilleros formó
en el patio junto con la Música de la Guarnición; esta tocó en el ínterin
escogidas piezas, rompiendo con la Marcha Real al punto del clarín y arma
presentada de las tropas formadas cuando pasó el Jefe de la Escuadra
Americana
Allí fueron a cumplimentarlo el Subgobernador civil y, por
supuesto, el Cónsul de su nación, Mr. H. B. Robinson. Al día siguiente se presentó a
bordo de la "Franklin" una comisión del Ayuntamiento de Mahón para
ofrecer a sus distinguidos visitantes los servicios de la municipalidad,
ofrecimiento que tuvo en grande estima Farragut. También visitaron los buques,
anclados en el puerto, el General Gobernador y el Subgobernador, siendo
recibidos con los honores de ordenanza, acompañados de los administradores de
aduana y rentas. Igualmente estuvo a ofrecer sus respetos y alta consideración
el señor Comandante de marina, que asumía las facultades de Capitán de
puerto. Y por último, fue admitida una comisión del Ayuntamiento de Ciudadela
cuyo principal objeto fue el invitar al célebre almirante que se dignase pasar
a esa ciudad de la Isla que fue cuna de su padre, exponiéndole que sus
habitantes deseaban demostrarle la grata satisfacción de tener siquiera por un
día en su seno a tan famoso descendiente de la patria. Acogió con agrado tal
invitación, y señalo David el jueves siguiente para trasladarse a ella. Contaba "El Menorquín": "Mientras
tanto en Mahón está nuestro distinguido semipaisano siendo objeto de unánime
admiración y simpatías, y de legítimo orgullo para todos; y "El Menorquín"
se hace un deber en consignarlo así en sus columnas. No ignoramos que los
honores y sorprendentes obsequios que le han rendido cuantas Cortes y capitales
europeas acaba de visitar, deben haber henchido su pecho de gozo y hasta de
envanecimiento por grande que sabemos es su modestia; más las finezas que
reciba de todos nosotros, puras y expresivas aunque pobres y cuasi mudas, nos
linsogeamos en creer no han de halagar menos su tan bueno como bravo corazón." El martes, día 24, a las doce del
medio día, Farragut asistió a una Recepción oficial en la Sala de recepciones
del Ayuntamiento de Mahón. Todos los componentes de dicha Corporación vestían
de rigurosa etiqueta, ostentando la medalla distintiva de sus honoríficos
cargos. Después de cruzados los
cumplimientos debidos en tales actos, que el simpático almirante con su
habitual llaneza hizo comodamente abreviar, se entró en una franca y sencilla
conversación; entonces se habló sobre los retratos de los ilustres hijos de
Mahón que adornaban aquel Salón, en uno de los cuales pudo ver el Almirante
las notables facciones del Doctor Orfila, fallecido en París el 12 de Marzo de
1853
La plática transcurrió
en un ambiente familiar, en donde actuó de interprete el profesor de inglés D.
Julio Soler; aunque hay que decir que algunos concejales pudieron expresarse
bastante bien en este idioma, y que Farragut, por su parte, poseía regularmente
el español. Se pasó seguidamente a un retrete
donde se tenía preparado un refresco del que se tomó un refrigerio de
urbanidad, y al poco rato se despidieron unos y otros con afectuosa
complacencia. Acompañaban a Farragut su secretario, un ayudante y el cónsul de
su nación. Al salir de las casas
consistoriales atravesó a pie la plaza de la Constitución, la cual estaba como
en día de solemnidad llena de gente que formó calle para ver pasar y saludar
cariñosamente al hijo de un menorquín que, no tan solo entre ellos, sino en
todas partes, era reconocido y acatado como un marino de grandeza de ánimo y de
buen temple en el corazón. Decía "El Menorquín": "Todas
las personas que le han observado de cerca convienen en que su presencia tiene
atractivo y como marcando algo la sangre española de que desciende. Por otra
parte nadie le supondría la edad de 67 años que tiene, a juzgar por su buen
aspecto."
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