Mientras este combate sucedía,
Farragut, que había escapado por los pelos del desastre, aún ajeno a los
sucesos relatados, continuaba su navegación con rumbo a la desembocadura del
Gran Río después de haber recibido del Ministro las instrucciones
siguientes:
1º Forzar la entrada del
Mississippí.
2º Desembarcar un Cuerpo de Ejército
de 18.000 hombres mandado por el General Butler.
3º Apoderarse de Nueva Orleans.
Los barcos de Farragut descendieron
por la costa este, rodearon la península de Florida y bordearon hasta
colocarse enfrentados al delta del Mississippí. Al Capitán Porter, con su
escuadra de 21 bombardas, le es encargada la misión de silenciar las 126
piezas de los fuertes Jackson y San Felipe, que controlaban la desembocadura
fluvial.
Los sudistas habían colocado una
barra que iba de rivera a rivera del Mississippí, y que interceptaba la
entrada de cualquier embarcación no deseada cuya intención fuera remontar la
corriente para internarse en su territorio; justamente la intención de
Farragut. Porter, con mucho trabajo y al cabo de mucho tiempo, logró pasar la
barra después de practicarla una brecha; las bombardas se deslizaron
silenciosas a lo largo de 48 Kms. de orillas, ocultándose debajo del espeso
follaje de los árboles, cuyas ramas colgaban sobre el agua. El 18 de abril
abrieron un sorpresivo fuego, muy eficaz desde el principio, sobre ambos
fuertes, tanto que los proyectiles que caían en el interior se hundían hasta
seis y siete metros en el suelo blando, en el cual abrieron al estallar
grandes y profundos hoyos.
El primer día arrojaron las
bombardas unos 1.500 proyectiles sobre ambos fuertes, y continuaron el fuego
noche y día sin descanso: se cuenta que de tal manera, que los artilleros al
ser relevados caían de sueño al lado de sus morteros, sin que los disparos
de estos fueran capaces de despertarlos. El bombardeo se mantuvo durante 5 días.
En la noche del 23 al 24 de Abril, Farragut no esperó más y resolvió forzar
el paso del río que daba a la bocana del puerto de la ciudad, cerrado a su
vez con una cadena.
David Glasgow, con su buque
almirante a la cabeza de su flota de madera compuesta de 5 navíos, entre
fragatas y corbetas, y 12 cañoneras a vapor, formando en dos secciones y
aprovechando la noche, logró forzar el paso y penetrar en el puerto donde se
refugiaba la flotilla confederada que mandaba el Capitán Mitchell, y que se
componía de 2 acorazados y de 11 navíos fluviales, blindados con placas de
chapa y balas de algodón. Al paso de los buques de David los fuertes enemigos
hicieron fuego rápido sobre ellos con toda su artillería, y varios vapores
confederados, en especial el ariete acorazado "Manassas", ofrecieron
resistencia con valor y arrojo; pero Farragut arremetió contra la flota
enemiga sobre la marcha, a golpe de sus 300 cañones, apagando con sus
andanadas el fuego de las fortalezas. Doce de los navíos sudistas, incluso el
"Manassas", volaron, fueron echados a pique o vararon.
Destruida la escuadra fluvial
confederada del Sur del Mississippí, Farragut intimó a Nueva Orleans a la
rendición. El General Lowell, que mandaba las fuerzas sudistas de tierra, viéndolo
todo perdido había abandonado la plaza hacia tiempo, y el alcalde de la
ciudad se negó a izar la bandera de la Unión. Entonces Farragut hizo entrar
un destacamento de tropas mandado por dos oficiales de su escuadra con orden
de izar su pabellón, lo que cumplieron entre las maldiciones e imprecaciones
de la multitud excitada; la cual, apenas se hubieron alejado los militares,
arrancó la bandera de la Unión y la arrastró por el lodo.