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Pero ya para entonces Norteamérica
debía sufrir una terrible guerra civil, a consecuencia de las diferencias
entre el Norte y el Sur. En esta guerra, que como siempre cubre a los países
de ruinas y de luto, tras cinco años de encarnizado batallar no solamente se
solventó la cuestión de la esclavitud, de la que eran partidarios los separatistas;
el conflicto tenía más hondas raíces, porque afectaba al derecho de los
Estados dentro de la Unión, afectaba a este discutido "vocablo" tan
enarbolado hoy en nuestro país y en esta Isla de Menorca: la "nacionalidad".
Las conquistas territoriales habían
servido para intensificar la lucha entre ambos territorios de Estados Unidos,
porque cada nuevo Estado que se constituía planteaba un problema en torno a
la esclavitud, a la economía y a la nacionalidad. Se componía la Unión de
14 Estados de cada clase, pero con la anexión de Texas la balanza se inclinó
a favor de los Estados esclavistas.
El desequilibrio numérico a favor
de los esclavistas se hacia sentir en el Senado, al cual cada Estado sin
distinción enviaba dos individuos. En la cámara de representantes, que su número
estaba determinado a proporción de los habitantes, el peso se decidía a
favor de los no esclavistas del Norte, donde había crecido la población más
rápidamente en este decenio.
Los Estados del Norte contaban con
una población de unos 15 millones, y de 10 los del Sur. Siendo tan
excesivamente extenso el territorio de Texas, se lisonjeaban los esclavistas
con la idea de formar de él, así como de los demás territorios que pudieran
arrebatarse a la República de Méjico, una multitud de nuevos Estados que
habrían aumentado sus representantes en el Senado; pero para esto habían de
aguardar a que contasen con el número de habitantes previsto por la
Constitución.
En el período de 1850 a 1860,
llegaron de Europa un número de 2.598.214 emigrantes, de estos 1.338.093
procedentes de puertos de la Gran Bretaña, entre los que se encontraban 914.119
irlandeses; directamente de Alemania emigraron 951.667 individuos
De todos
ellos, apenas algunos millares se dirigieron al Sur. Así se formó en los
territorios vírgenes del Centro, y al Norte de la línea divisoria de la
esclavitud, una población inmensa de pequeños labradores e industriales que
crearon entre todos una gran clase media, base poderosa de los imperios modernos
y que faltaba a los Estados esclavistas del Sur que, como es natural, vieron
desvanecerse las esperanzas de defender sus
intereses económicos por medios parlamentarios o pacíficos.
Se había producido un primer
chispazo de conflicto en 1832, al negarse el Estado de Carolina del Sur a
aplicar el nuevo arancel aduanero, con la amenaza de separarse de la Unión si
se lo imponían, contestando el Presidente Jackson que no admitía resistencias
a las leyes, y llamando a las armas a 10.000 voluntarios. Al ser elegido
presidente Abraham Lincoln en 1860, Carolina del Sur dio el paso decisivo separándose
de la Unión el 20 de diciembre de ese mismo año. Su ejemplo lo siguieron once
Estados más, que constituyeron los "Estados Confederados de América",
con capital en Richmond y como presidente Jefferson Davis.