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La Historia Americana tiene su
versión oficial sobre la vida del progenitor del Almirante, al parecer
apoyada en datos auténticos de la trayectoria aventurera de este gran español
y sobre los móviles que le indujeron a entregarse en cuerpo y alma a la
empresa de crear Los Estados Unidos de América.
Según estos historiadores, parece
ser que desde Barcelona Jorge se embarcó en un navío ruso y, prestando
servicios a esta potencia, navegó por aguas del Mediterráneo combatiendo
contra los turcos; de esta manera, dicen, formó parte de la tripulación de
un brulote que intervino en el incendio de los barcos otomanos en Chesme (en
el Mar Negro), donde fue destruida la flota de la media luna en junio de 1770
En la batalla aludida de Tschesme,
como también se la conoce, igualmente intervinieron los navíos ingleses,
atribuyéndose a estos, según otras fuentes, la quema de la flota turca. Por
ello, nuestro incipiente marino igualmente podría haber estado al servicio de
los dominadores de Menorca en esta campaña.
La misma historia nos coloca a
Jorge Ferragut en los mares antillanos, en 1773, comerciando entre Puerto Príncipe
y La Habana, y dos años después en Nueva Orleans; donde habría de habitar,
más tarde, durante un largo período de su vida, por lo que no casualmente
tendría mucha relación con la primera gran victoria de su famoso hijo:
"Poco antes de que empezase en
Lexington, el 19 de abril de 1775, la revolución americana, arribó a Nueva
Orleans, que era entonces el centro de toda la ayuda militar a los colonos, un
pequeño barco de carga que había estado haciendo viajes durante algún tiempo
entre La Habana y Veracruz
Su Capitán era un muchacho de tez morena,
llamado Jorge Antonio Magín Ferragut.
La noticia de la rebelión había
llegado rápidamente a aquella población que era entonces una ciudad de siete u
ocho mil habitantes, súbditos del Rey de España. Cuando Ferragut se enteró de
que había estallado la guerra entre la Gran Bretaña y sus colonias, tomó
inmediatamente la decisión de "ayudar con su vida y con su hacienda en la
lucha por la independencia de América", cosa natural en un hombre de su
ascendencia y de su carácter, como puede deducirse de su breve pero azarosa
carrera."
Jorge, enterado del rompimiento de
las hostilidades, zarpó de Nueva Orleans para Port-au-Prince (Santo Domingo),
donde cambió su carga comercial, y capital, por cañones, armas pequeñas y
municiones, que en 1776 transportó a Charleston, en Carolina del Sur. Fue bien
recibido en aquella ciudad, aceptándose sus servicios que comenzaron en un
barco corsario; haciéndose acreedor por su comportamiento a que se le nombrase,
en 1778, primer teniente de la Marina de este Estado.
Con este empleo ganó renombre en
la defensa de Savannah, en la que intervino al mando de una galera. El 12 de
mayo de 1780 cayó en poder de los ingleses al ocupar estos Charleston, siendo
al poco tiempo canjeado a cambio de prisioneros de nacionalidad británica,
embarcando en otro buque corsario. En esta situación, en un encuentro con el
enemigo, una bala de mosquetón le destrozó el brazo derecho, que por lo visto
salvó gracias a la pericia de un cirujano llamado Ridgley, aunque no llegó a
recuperar nunca completamente los movimientos de la extremidad dañada.
Paso así al Ejército de tierra,
concretamente al Estado Mayor del General Marión, cuando este y otros generales
estaban en el empeño de apoderarse de la Carolina del Sur. Participó en la
batalla de Cowpens, el 17 de enero de 1781, y después en la de Wilmington,
nombrándole, el gobernador Nash, Comandante de una batería de Artillería que
actuó en Beaufort Bridge contra un destacamento inglés. Por su condición de
oficial organizó después un Escuadrón de voluntarios de Caballería, en el
Estado de Carolina del Norte; al finalizar la guerra, el 5 de mayo de 1783, había
ascendido ya al empleo de Mayor en esta última Arma.
El entusiasmo y la pasión en que
vivían las colonias inglesas de Norteamérica, a partir de 1763, transcendió a
los países vecinos, como la Luisiana y la Florida, enardeciendo los ánimos de
los más exaltados hasta inclinarlos a participar voluntaria y decididamente en
la contienda que se avecinaba; parece ser que el carácter del joven Ferragut
fue uno de estos, y quizás fue su ya caldeada sangre española, de soldado, la
que le hizo ser uno más en la lucha de aquellos colonos por su independencia.
Jorge podría haber sacado "pingües" beneficios de la contienda, de
haberse quedado como simple "espectador-comerciante-corsario"; sin
embargo demostró un entusiasmo inaudito por combatir a los ingleses, que puede
explicarse en parte por algún sentimiento de aversión que se había
desarrollado en el descendiente de una familia, al fin y al cabo, de españoles.
Washington, a pesar de
sus esfuerzos, tenía que sufrir fatales consecuencias de la manera de
reclutarse el ejército americano, porque siendo corto el plazo del empeño en
el servicio, y no habiendo consideración capaz a detener a los soldados en
filas, cumplido que fuera aquel, se veía el General en Jefe en la necesidad de
mandar cada año un ejército bisoño; el hecho de que, acabada la guerra, Jorge
Ferragut se retirara del Ejército estadounidense con el grado de Oficial,
Comandante-Mayor, es la distinción que prueba su valor y nos da una idea del
ejemplar comportamiento que observó durante la larga campaña. Tenía entonces
28 años.