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En 1779, el general inglés Mathews
había devastado completamente la Virginia, incendiando y talando, y no dejando
en pos de sí sino ruinas, cenizas y sangre. Washington se mantenía mientras
tanto en West-Point, que se consideraba como el baluarte del que dependían los
destinos del país.
Como ya hemos dicho, Rodney, después
de haber socorrido Gibraltar, se dirigió con su flota a América, mudando de
semblante la guerra en favor de los ingleses; Enrique Clinton, general inglés,
conquistó la importante plaza de Charleston, capturando 7.000 prisioneros y 400
cañones. El terror se apoderó de Carolina del Sur, cuya totalidad del
territorio se sometió a los ingleses. Lord Cornwallis, que quedó guarneciendo
Charleston, se mostró despiadadamente cruel con prisioneros y habitantes,
haciendo multitud de victimas en los cadalsos, lo cual esacerbó el odio de los
americanos que no dejaron de tomar represalias siempre que encontraron ocasión,
adueñándose de la confrontación un espíritu despiadado.
Mucho favoreció a los americanos
la declaración de guerra que por
aquel tiempo se hizo entre Inglaterra y Holanda, siendo ya tres las potencias
europeas, además de los colonos americanos, las que se encontraban combatiendo
contra la poderosa "Albión".
Después de una sublevación de sus
tropas, que tuvo que aplacar Washington con su prudencia y firmeza, y el influjo
de su prestigio, derrotó al inglés Cornwallis en York-Town -octubre de 1781,
fecha en que le hizo prisionero con todos sus oficiales, más 6.000 soldados y
1.500 marinos-.
Washington ofreció,
después de esta victoria, la espada de Cornwallis al joven y ya célebre
Lafayette
mas no la aceptó este, alegando que él no era sino un simple
auxiliar suyo. El triunfo de York-Town fue el que decidió la suerte de la
guerra de América, constituyendo el preludio de la emancipación definitiva de
los Estados Unidos