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Sobre el levantamiento y la
independencia de aquellas colonias, importantísimo suceso, no haremos sino
apuntar los fundamentos indispensables para poder apreciar la clase de
aventura en que se embarcó Jorge Ferragut, datar la desconocida participación
española, y explicar las consecuencias que para Menorca tuvo aquel evento.
Washington, Mayor General de las
milicias de Virginia, hombre de carácter grave, fue designado por el Congreso
de Filadelfia, en 1774, jefe de las fuerzas del país. En esas fechas su ejército
se componía de 14.000 hombres, sin ingenieros ni artilleros, sin pólvora ni
bayonetas, soldados enganchados solo por un año y que desertaban cuando querían.
Después de algunos triunfos
iniciales de la Unión, el general inglés Howe les infligió tan gran derrota
que dejó a Washington con tan solo tres mil infantes medio desnudos y casi
desarmados. La causa parecía perdida, el Congreso abandonó Filadelfia y se
refugió en Baltimore. Tras el abatimiento inicial, nombró dictador al
General y este, ayudado por sus oficiales, reunió siete mil hombres con los
que logró derrotar a los británicos en Saratoga, rindiendo a diez mil
soldados que mandaba el General inglés Burgoyne.
Al ver los insurgentes americanos
la desproporción de sus fuerzas respecto a las de Inglaterra, especialmente
en lo concerniente a poderío naval, habían solicitado el concurso de los
franceses, en 1775, por medio de su representante en Francia, Franklin
A
pesar de las vacilaciones de Luis XVI y de su gobierno, la opinión francesa,
irritada por los insultos recibidos de los corsarios ingleses
se
pronunció inmediatamente a favor de la guerra contra Inglaterra.
En Diciembre de 1777, Luis XVI
firmaba un tratado de Alianza con los Estados Unidos, lo que constituía el
reconocimiento implícito de su independencia; Francia se comprometía a no
abandonar las armas, en tanto la independencia de los Estados Unidos fuese
reconocida por Inglaterra.
La situación de España respecto
al conflicto no se asemejaba a la de Francia. España poseía un inmenso
imperio colonial, muy disperso, y la independencia de las trece colonias
ingleses podía ir en detrimento de ella por el peligroso ejemplo que esta
libertad representaba para sus propias colonias, argumento sostenido hábilmente
por Inglaterra.
Al final, empujada por Francia,
España reclamó mediante negociaciones la devolución de Menorca y Gibraltar,
ofreciéndose a cambio, Carlos III, como mediador en una paz negociada entre
Francia e Inglaterra; el Conde de Floridablanca, como promotor de la idea, y
el Conde de Almodóvar, como encargado de las negociaciones diplomáticas,
fracasaron completamente ante la intransigencia de Inglaterra.
El 3 de Abril de 1779 un ultimátum
español exigía una respuesta de Londres, que no llegó. El 12 de Abril España
firmaba un tratado con Francia, en Aranjuez, que reglaba las obligaciones
mutuas de ambos países en la guerra contra Inglaterra
El 22 de Junio, el Rey Carlos III
firmaba la comunicación de declaración de guerra a los ingleses; que es de
admirar el gusto con que se recibió en España, a juzgar por los
ofrecimientos totalmente voluntarios que prelados, cabildos, pueblos y
particulares hicieron de sus intereses para atender a los gastos y
sostenimiento de la lucha.
PARTICIPACIÓN ESPAÑOLA EN LA GUERRA DE AMÉRICA.
Con tanta celeridad se comunicaron
a América los avisos de haber sido declarada la guerra, que pudieron comenzar
allí las hostilidades aún antes que en Europa.
El Gobernador español de la
Luisiana, Don Bernardo de Gálvez, invadió con menos de dos mil hombres la
Florida Occidental; subió por el Mississippí y se apoderó de un fuerte a
orillas del Iberbille (7 de Septiembre de 1779), remontó hasta Natchez y tomó
las fortalezas y guarniciones inglesas de Batón-Rouge y de sus aledaños.
Después se atrajo Gálvez para sí hasta 17 caciques y cerca de 500 guerreros
de la tribu de los Chactas, la más numerosa y temible de la Florida
Occidental que, oportunamente agasajados por él, dejaron los ingenios
ingleses por las medallas españolas.
Así esperó Gálvez, en Nueva
Orleans, nuevos refuerzos provenientes de la Habana. Cuando refuerzos y tropas
estuvieron embarcados, remontó nuevamente el Mississippí hasta su
desembocadura (enero de 1780) y se dirigió a la bahía de Mobile, cuya ría
pudo ganar a duras penas, sufriendo sus buques terribles averías a causa de
haber tenido que luchar con fuertes vendavales y tormentas en el Golfo de México:
ochocientos hombres fueron arrojados a las playas de una isla desierta, sin
abrigo y sin recursos de ningún género. Ya había ordenado Gálvez, decidido
como fuera a acabar con la resistencia de los ingleses, que de los despojos de
los barcos perdidos se hicieran unas escalas para asaltar el fuerte de Mobile,
cuando por fortuna llegaron cuatro buques de socorro de la isla de Cuba
(febrero de 1780). A pesar de la vigorosa resistencia que encontraron, Mobile
se rindió por capitulación el 14 de marzo, quedando la guarnición inglesa
prisionera.
Transcurridos algunos meses en
refriegas y combates parciales, pasó el intrépido Gálvez a La Habana, a fin
de preparar las cosas para otro de sus proyectos. De nuevo se hizo a la vela el
28 de febrero de 1781, esta vez con cinco navíos de línea, otros quince buques
secundarios y 1.315 soldados, con los cuales, a los pocos días, se colocó
frente la bocana del puerto de Pensacola; tal era su empresa, la conquista de
"Panzacola", capital de aquel territorio. Venciendo dificultades
emprendió el ataque de la plaza por mar y tierra; pudo interceptar las
comunicaciones entre el castillo y la plaza pero, debido al fuego terrible que
le hacían las baterías enemigas, recibió dos heridas, suceso que consternó
al pronto a sus tropas. Don José Solano, Gobernador de Cuba, inesperada y
propiciamente apareció entonces con once bajeles y su correspondiente dotación
de tropa; con esto se aceleraron las acciones. Reanudada la lucha, un obús
estalló en los almacenes de pólvora ingleses, causando la muerte de más de
cien hombres de la guarnición. Este accidente bastó para decidir la suerte del
sitio. Aprovecháronse los españoles de la confusión que esto produjo en los
enemigos para establecerse en los muros y obras inmediatas, desde entonces los
ingleses no pensaron sino en capitular; lo que efectuaron el general Campbell y
el almirante Chester el 10 de mayo de 1781.
Con la rendición de Pensacola quedó
sometida toda la Florida. Gálvez fue recompensado por Su Majestad con el título
de Conde y el nombramiento de Capitán General de la Florida y la Luisiana.
El Gobernador interino de Campeche,
Don Roberto de Rivas Betancourt, y el padre del mismo Bernardo de Gálvez, Don
Matías de Gálvez, presidente de Guatemala y hermano del Ministro español de
Indias, también desarrollaron una acción destacada contra los ingleses en los
golfos de México y Honduras.
A consecuencias de esta guerra,
Menorca fue al fin reconquistada para España, como ya sabemos, por las tropas
aliadas al mando del francés Duque de Crillón, en 1781:
Para solemnizar el aniversario del
nacimiento del Delfín de Francia, al amanecer del día 6 de Enero de 1782, se
inició el fuego simultáneo de todas las baterías que sitiaban el Castillo de
San Felipe desde hacia cinco meses
El fuego duró hasta el 4 de Febrero,
fecha en la que en el Castillo inglés se izó bandera blanca. Los destrozos de
la artillería y el escorbuto habían transformado la fortaleza en un hospital;
y a pesar de su tenacidad, Murray no pudo hacer otra cosa que rendirse después
de seis meses de resistencia. La capitulación se celebró al día siguiente y
Crillón recibió de Carlos III el título de Duque de Mahón, con Grandeza de
España
Muy distinta suerte corrieron en
Gibraltar el celebre marino español Antonio Barceló y el Teniente General Martín
Alvarez de Sotomayor, jefes de las fuerzas de mar y de tierra respectivamente,
que fracasaron en su empeño de reconquistar el "Peñón" debido al
propicio auxilio naval que prestó el almirante inglés Rodney a sus
compatriotas sitiados en la inexpugnable Roca; partiendo con su flota, después
de desbaratar el cerco español sin más novedad, hacia América en apoyo de la
escudra británica allí destacada.
Tales fueron las
principales operaciones militares en que tomaron parte los españoles en la
cuestión anglo-americana, hasta que comenzaron las negociaciones de otro género.