A finales del siglo pasado, con
motivo de la visita del Almirante Farragut a Menorca, y a principios de este,
se tenían serias dudas de que semejante apellido hubiera existido jamás en
esta Isla.
Se descubrió, primero, que el
Predio que existía con este nombre, en el término municipal de Mercadal, al
pie de Monte Toro, databa a lo menos del siglo XV, afirmándose a pesar de los
incendios y desastres acaecidos en el siglo XVI en sus principales
poblaciones, que llevaron consigo la desaparición por completo de sus
archivos.
Según el Dr. Ramis, el apellido
Ferragut figuró en Menorca desde el siglo XIV.
El apellido estaba domiciliado y
muy arraigado en Ciudadela en 1558, año en que aconteció la terrible catástrofe
que tantos recuerdos históricos dejó. Su escudo se veía con una flecha de
oro colocada entre dos estrellas del mismo metal, y encima de la flecha una
herradura también de oro. Existía otro escudo de Ferragut con un león de
oro que llevaba una saeta del mismo metal sobre campo de gules.
Parece ser que con los 4.000
esclavos que se llevaron los turcos a Oriente iban Antonio Ferragut y Juana
Galbes, su esposa, con tres hijos; se sabe que de esta familia fueron
rescatados los padres y un solo hijo llamado Constantino. Según Oleo
costó el rescate de los tres 34 ducados de oro y 59 aspros, que era moneda de
Turquía y de Levante
Partieron de Constantinopla para Menorca el 6 de
febrero de 1564 en dos caramuzales
haciendo escala en Scio, o Chio, isla
del archipiélago griego.
Trasteando en los archivos, F. Hernández
Sanz, en los años veinte, encontró entre corroídas páginas, que tocaban ya
su último período de vida, unas cartas auténticas escritas desde Pera, un
arrabal de Constantinopla, por el M.I. Miguel Ferragut presbítero (que no se
sabe como se salvó del cautiverio en aquel entonces) al Dr. Dn. Marcos Martí
presbítero, protector y amparo de los infelices cautivos menorquines, que a
la sazón se hallaba en Nápoles, y dice, entre otras cosas de suma
importancia, que no duerme noche ni día, siempre trabajando para que vayan
presto los cambios. En efecto, este virtuoso varón se había captado la
estimación, no tan solo del mencionado Dr. Martí, sino que también de estos
mismos desgraciados, que habían cifrado en aquel toda su esperanza para salir
cuanto antes de aquellas mazmorras.
Uno de los cautivos, llamado Marco
Bonet, escribía al mismo Dr. Martí y le decía: "Verdad es que M.1
Miguel Ferragut solicita muy bien lo que se le ha encargado por V. M. en tanto
que, según estoy informado, nadie de nuestra tierra, y aún de nuestro reino,
pudiera hacer más diligencias en semejante negocio; y si se le hubiesen dado
mayores facultades, muchos de nosotros alcanzaríamos la libertad."
En otra carta del mismo M. Ferragut
escrita al protector de los menorquines esclavos, se ve esta sentida expresión:
"Yo estoy cansado ya de estarme en este país (Constantinopla) pero si me
marchara, no habría quien mirara por los desgraciados de nuestra
patria..."